martes, 14 de junio de 2011

"ARCANO TRECE": LO PERTURBADOR SEGÚN PILAR PEDRAZA

Si bien el género de terror y fantástico en España es un coto que, de forma muy injusta, recibe más bien poca atención por parte de los medios, la injusticia se torna directamente agravio cuando nos referimos a determinados autores más o menos ninguneados, pese a que su impecable calidad va mucho más allá de géneros y modas. Es el caso de Pilar Pedraza (Toledo, 1951), magnífica autora a la que he podido conocer gracias a mis compañeros de Nocte (no en vano, ella misma es miembro de honor de la asociación)... y que, de no ser por esto, quizás se me hubiera pasado totalmente desapercibida ante la avalancha de empobrecidas obras erotico-costumbristas y aún más empobrecidas autoras erotico-costumbristas (sí: el nombre de Almudena Grandes suena alto y poderoso) injustamente protegidas por medios, crítica y grandes superficies. Por fortuna, y tal y como ha declarado en varias entrevistas, a la señora Pedraza le importa tres cominos no ser una superventas (aunque vende infinitamente más que servidor, eso se da por hecho), ni tampoco ser una superestrella mediática. De hecho, ni siquiera le interesa demasiado convertirse en corredora de fondo para dejar tras de sí una fulgurante carrera literaria (pese a que la está dejando, quiera ella o no). Lo que a la señora Pedraza le va en el terreno literario es escribir lo que le venga en gana cuando le venga en gana... y no sabéis lo afortunados que somos de tener escritores que hagan precisamente eso. Sobre todo, cuando poseen un talento tan fuera de toda duda como el suyo.


 De momento, y entono el "mea culpa" por ello, solo he podido leer un libro de Pilar. Pero ese solo ya me ha bastado para constatar la extraordinaria autora que me había estado perdiendo hasta ahora. Una autora que, según he podido leer en algunas entrevistas, y al igual que servidor, manifiesta cierta predilección por escritores como Angela Carter o Clive Barker. Lo cual, desde luego, se nota en sus escritos. Y mucho.  No solo mucho: de la mejor forma posible. Pues, pese a que he de decir que he encontrado una narrativa de poderosos ecos carterianos, generosa en metáforas ingeniosas e imágenes inusuales, hay que reconocer que Pedraza la sabe llevar a su terreno y hacer de ella algo indudablemente personal. Pero, ¿cuál es ese libro que he leído?, os estaréis preguntando. Pues nada menos que Arcano Trece (Editorial Valdemar), antología de trece relatos que, sin embargo, toma el título precisamente de la carta del Tarot que simboliza "La Muerte". No en vano, todos los relatos nos hablan, de un modo u otro, de la visión poliédrica, rica en resonancias y significados, que nuestra autora tiene sobre este tema (irónicamente) inmortal. La antología queda dividida en tres apartados diferenciados: "La carreta de las osamentas" (tres relatos ubicados en la tradición barroca y gótica... pese a que, he de señalar, la señora Pedraza no es muy partidaria de que se la considere una autora "gótica", ni siquiera una autora "de terror"), "Eros melancólico" (siete relatos un tanto más viscerales y violentos, con grandes dosis de humor negro, y que se pueden emparentar con la fantasía macabra clásica tipo Bierce y Meyrink) y, por último, "La muerte sobre ruedas" (a mi juicio, tal vez la parte más floja del conjunto, si es que es lícito usar el adjetivo "floja" para hablar de una autora tan fuera de serie como ella: tres historias de ambiente contemporáneo, aunque no por ello menos perturbadoras).


En definitiva, un libro que no os podéis perder, y que supone una auténtica delicia para los amantes de la literatura de calidad. Un conjunto de relatos que a nadie dejarán indiferente, gracias a sus densas atmósferas, su escritura soberbia y una capacidad de inquietar que ya quisieran muchos para sí. Y, por supuesto, una autora magnífica a la que habrá que seguir la pista muy de cerca.  Es el mejor desagravio que le puedo hacer después de tantos años de desconocimiento por mi parte.

jueves, 9 de junio de 2011

THE TUNNEL: UN MOCKUMENTARY ONLINE

Podríamos decir que el cine de terror ha estado marcado en lo que llevamos de siglo XXI por tres claras tendencias: el torture porn, el remake puro y duro (o bien de clásicos de los 80, o bien de éxitos orientales de finales del siglo XX/principios del XXI) y, por último, los llamados mockumentaries o "falsos documentales". Esta última corriente, de hecho, que casi podría afirmarse que se inicia a rebufo del éxito de El proyecto de la bruja de Blair (1999) (pese a que uno de sus más célebres antecedentes esté en un film de los 80 como es Holocausto Caníbal), ha tenido una vida bastante longeva -que no siempre satisfactoria- gracias a títulos como St. Francisville Experiment (2000), The Black Door (2001), The Poughkeepsie tapes (2007), Rec (2007), su secuela y remake, Paranormal Activity (2007) y secuela o The last exorcism (2010). Pues bien, ahora son los australianos quienes parecen querer subirse al carro de esta tendencia con The Tunnel (2011), un nuevo mockumentary cuyo mayor gancho parece ser que se puede ver de forma totalmente libre y gratuita online... al menos, hasta hace poco, pues ahora dan la opción de descargarla a través de iTunes en formato iPad.


El argumento de The Tunnel nos narra cómo en 2007 el gobierno de NSW (Nueva Gales del Sur, Australia), decidió abortar sin dar explicaciones previas un plan para reutilizar el agua de los túneles subterrános del tren en desuso situados bajo la estación de Sydney St James. A raíz de tal hecho, comenzaron a surgir leyendas urbanas y algunos rumores sobre las razones del supuesto encubrimiento del gobierno, lo cual indujo a la periodista Natasha Warner y a su equipo a grabar un reportaje no autorizado en el laberinto subterráneo. Así, los cuatro periodistas descendieron una noche a los oscuros túneles buscando una historia, pero lo que no pudieron haber sospechado nunca es que era la historia la que iba a encontrarlos a ellos.


Quizás uno de los grandes problemas que le encuentro al sub-género del falso documental es que, dado lo limitado de sus recursos, la creatividad tiende a verse un poco atada de pies y manos. Y sí, conozco ese dicho que reza que la falta de medios agudiza el ingenio pero, sorprendentemente, esto no siempre se da en el género que nos ocupa. Por desgracia, The Tunnel no es una excepción. Las fuentes de las que bebe la película son tan obvias y, a menudo, se reproducen de manera tan mimética, que muy poco espacio queda abierto a la sorpresa. De esta manera, si bien en Rec se retomó un poco aquella reflexión sobre los peligros del exceso de ambición profesional que ya subyacía en El proyecto de la bruja de Blair y se lo llevó a otro terreno mucho más claustrofóbico, enriqueciéndolo además con pinceladas de crítica costumbrista por un lado, y con una más compleja elaboración técnica por otro (la agilidad de ritmo superior a la media en este sub-género, el plano secuencia que precedía la entrada al edificio, el uso de la profundidad de plano, los juegos de sonido), hay que lamentar que The Tunnel se limite a rescatar los recursos de ambas películas sin aportar nada que los enriquezca, lo cual diría yo que la convierte más en un mero exploit que en una película de entidad algo más sólida. Y es que uno no puede desquitarse de cierta sensación de molesto déjà-vu cuando se enfrenta al film australiano: reportera muy ambiciosa arrastra a sus compañeros a grabar un documental en un entorno hostil y aterrador, sin prever las consecuencias de sus actos, que se convierten en un auténtico infierno. Como se puede observar, nada que no hubiéramos visto ya antes... y, por cierto, bastante mejor resuelto (sobre todo, a mi juicio, en el film de Jaume Balagueró y Paco Plaza).


Con la baza de la sorpresa desechada, y la de la creatividad un poco echada a perder, lo que nos resta es disfrutar de The Tunnel como lo que es: un film de (sub)género en absoluto memorable, pero, por lo menos, sí un tanto resultón dentro de los parámetros en los que se mueve. Un film que juega a la sugerencia y, en muchas ocasiones, lo consigue (en otras, sin embargo, se vuelve tan caótico en el uso de la steadycam que, más que provocarnos sensación de confusión o desazón, lo que nos transmite es una poco recomendable imagen de franco desorden). Por otro lado, si bien antes subrayábamos su pobre o nula aportación al subgénero, lo que sí cabría destacar es esa (a mi entender, arriesgada) decisión de los guionistas de dejar absolutamente todos los misterios de la película abiertos. De esta manera, mientras en El proyecto de la bruja de Blair, Rec, Paranormal Activity o El último exorcismo se nos daban las suficientes pistas y códigos como para que nosotros, como espectadores, nos aventuráramos a descodificar los enigmas subyacentes en cada historia, la sorpresa de The Tunnel es que se niega a aportarnos todas estas ayudas a la hora de que desenmarañemos un poco lo que ocurre dentro del relato. Así, al final de la película, sabemos que en los túneles hay una amenaza letal... pero no tenemos la menor idea de cuál es su naturaleza. Sabemos que vive en la oscuridad... pero no por qué, ni desde cuándo. Sabemos algunas fortalezas, debilidades y costumbres de tal amenaza... pero no los motivos de ambas. Sabemos que debe de haber una cierta historia detrás de lo que ocurre en los túneles... pero nunca se nos dan las herramientas necesarias para reconstruirla en nuestra cabeza. Por lo tanto, acabamos The Tunnel habiendo vivido una experiencia más o menos intensa en primera persona... pero prácticamente tan ignorantes como al comienzo del metraje. Y lo peor es que, con franqueza, no sé si es una decisión consciente de los guionistas o es que no supieron desarrollar el guión como es debido. Con la duda me quedo. Aún con todo, lo dicho: recomendable para los amantes del (sub)género. Pero, eso sí, no esperéis que os vaya a cambiar la vida ni nada parecido.

lunes, 6 de junio de 2011

CALLES TOMADAS: TERROR EN TU CIUDAD

Mi amigo y compañero de editorial Fernando Cámara, que ya sabéis que es muy creativo y emprendedor, ha tenido la ocurrencia de llevar a la red una experiencia narrativa yo diría que única (al menos, en nuestro país): Calles tomadas, un absorbente y sensorial blogstory multimedia de visos en ocasiones casi periodísticos, en el que se van entremezclando realidad e irrealidad para hablarnos de una experiencia pseudo-apocalíptica que afecta a las calles de Madrid... y, quién sabe, quizás en un tiempo, a las de toda España. Un diario en primera persona cuajado de testimonios de diversos usuarios que apoyan y, a veces, contradicen las palabras vertidas por el peculiar narrador del blog. Calles muy específicas de la ciudad de Madrid tomadas por unos seres de imposible definición a los que se refieren como "Ellos". Reglas muy concretas que hay que observar para no perder nuestra entidad, nuestra libertad... y, en cierto modo, nuestra vida. Una pesadilla de ecos carpenterianos que va creciendo en la red y que podéis vivir en primera persona... YA. AHORA.


En su página web, el propio Cámara nos deja unas palabras que no hacen sino acrecentar el interés por esta experiencia única:

"Comienzo una NUEVA EXPERIENCIA NARRATIVA, libre de intermediarios, para mostrarte las
calles tomadas de nuestra ciudad. Un misterioso BLOGSTORY multimedia. Un relato de absoluta inmersión.

PARTICIPA con tus comentarios en cada entrada para hacer más vivo este juego angustioso, y COMUNICA su existencia a todo enemigo.

Apaga luces, sube el silencio y sumérgete en estas calles tomadas. Quizá la tuya sea ya una de ellas.
(Revisa los MAPAS)

Buen viaje."

Sin más que añadir a sus palabras, pues, os invito a disfrutar de esta fascinante y libérrima blogstory pinchando en la imagen superior. Creedme: no os defraudará. Y recordad: mucho cuidado... porque quizás, sin siquiera saberlo, vuestra calle ya ha empezado a ser tomada.

lunes, 9 de mayo de 2011

EL FUTURO DEL TERROR: ¿HIBRIDACIÓN O CLASICISMO?

No hace mucho, surgió un interesante debate en Nocte en torno a un artículo periodístico, donde se proclamaba que el único futuro posible para el género pasaba por abandonar el terror de corte más paranormal y aferrarse a un terror, digamos, más "real". Resumiéndolo un poco a grandes rasgos, lo que aquel texto defendía es que el lector/espectador actual, tan habituado como está ya a todo tipo de tramas y seres paranormales, ya difícilmente se inmuta cuando se le ofrece una historia con un vampiro o un zombi (por poner un par de ejemplos). Así pues, dado que este lector/espectador estándar conoce perfectamente los resortes de este tipo de temas, y, por tanto, ya no le impresionan, lo deseable para que una historia de terror resulte eficaz se supone que debería ser ceñirse a aquellos temas que sí puedan impresionar al lector/espectador. A saber: un terror más enraizado en la realidad.


Y aquí surgió la pregunta: ¿estamos de acuerdo con lo que proponía el susodicho artículo? Pues no del todo, la verdad... por no decir no "del nada". Bajo mi punto de vista (y aquí hablo no como portavoz de Nocte, sino por mí mismo) creo que si uno se ciñe tan sólo al terror "realista", casi por norma, puede acabar cayendo en los mismos errores en los que muchos han incurrido al abordar el terror "paranormal": desinflar el invento, convertirlo en una rutina, conseguir que el público objetivo le vea las costuras. Así, tan indiferente puede quedar alguien ante la enésima historia de invasiones zombis como ante la enésima historia de secuestros con rodaje de películas snuff de por medio. Desde el momento en que caemos en una espiral de rutinas, repetimos clichés y lugares comunes (de forma consciente o no), y nos empeñamos en "hacer género" de manera más mecánica que inspirada, posiblemente el resultado sea la anticipación del lector/espectador y la anemia más absoluta de la obra. A mi humilde entender, sólo hay una manera de salvar todo esto, y es echarle pasión a lo que uno crea. No basta con escribir terror: hay que dotarlo de "alma", tratar de conseguir la mejor obra posible, sin dejarse intimidar por el hecho de que "tiene que ser terror". Interesa la historia, interesan los personajes, interesa el texto... y si tenemos un texto que carece de todo ello, no tiene ningún sentido el debate sobre si debería haber vampiros o psicópatas: el texto, simple y llanamente, no sirve.


Llegados a este punto, algunos de los miembros de Nocte concluímos que quizás el futuro del género no sea otro sino la hibridación. No limitarnos a nosotros mismos adscribiéndonos a lo ya hecho, a lo que se supone que tenemos que escribir, a los patrones más puramente genéricos del asunto, sino abrirnos a otros tipos de literatura, experimentar... y, de algún modo, tratar de ofrecer buena literatura, obras diferentes y que puedan sorprender al lector. Obras que puedan "llegarle". Básicamente, lo que yo pretendía con mi novela Cuerpos Descosidos, si se me permite el atrevimiento. Partiendo de esta premisa, pues, el debate sobre "terror real" versus "terror paranormal" quizás se vuelva innecesario, incluso obsoleto. ¿Es mejor la enésima historia de vampiros o la enésima de allanamientos de morada? Pues, si tenemos que usar el adjetivo "enésima", ninguna de ambas. Lo será la historia de vampiros que tenga entidad propia, personajes interesantes, situaciones verosímiles. O lo será la historia de allanamientos violentos que no se limite a intentar zarandearte a toda costa, incluso a costa de personajes de cartón piedra. Lo será, en definitiva, la historia que de verdad se crea a sí misma. Ahí está el futuro.

lunes, 25 de abril de 2011

SCREAM 4: EL ¿PODER? DEL REMAKE

En 1996, Scream supuso un renacer del subgénero slasher, ofreciéndonos un film a la vez paródico y homenajeador de esas películas de psicópatas y adolescentes que proliferaron durante los 80. Se trataba de una película bastante inteligente, ágil y que, aún jugando con la parodia, no dejaba de dar miedo (pese a que ese miedo se iba diluyendo en el tercio final de la película, donde las tintas paródicas empezaban a cargarse tal vez en exceso como para asustar a nadie). El éxito de la película de Wes Craven fue tal que no tardó en surgir una secuela, esta vez jugando también con la metaficción, sólo que desde el punto de vista de las segundas partes. Obviamente, Scream 2 ya no contaba con el factor sorpresa, pero lo suplía con un guión que sostenía la inteligencia, el ritmo y el buen hacer general de su predecesora; no se trataba meramente de una secuela ideada para amasar dinero, sino que daba la impresión de ser lo bastante genuina como para conformar un binomio perfecto con su predecesora. Por supuesto, su éxito no tardó en propiciar Scream 3, una tercera parte ya bastante gratuita, que no aportó gran cosa a la saga y que, en efecto, empezaba a dejar ver sus costuras de forma más bien alarmante. Pues bien, una década después de esta película nos llega Scream 4, la cuarta y, de momento, última entrega... y, bajo mi punto de vista, la peor, la que más delata el espíritu de franquicia en el sentido más netamente mercantil que empieza a tener la saga.


Creo que el problema de Scream 4 reside básicamente en su guión, el cual, pese a venir escrito por el mismo Kevin Williamson, no consigue rescatar la frescura y el ritmo de sus dos primeras partes, sino todo lo contrario, se limita a retomar la operación de agotamiento emprendida por la tercera parte y llevarla hasta sus últimas consecuencias. Y es que hay bien poco ya no digo de original (difícil a estas alturas de la película, si se me permite la broma), sino siquiera de renovador o, simplemente, de emocionante en esta cuarta entrega, que si algo hace es limitarse a repetir de forma más bien mecánica los mecanismos de sus antecesoras, en un ejercicio de mimetismo que no lleva a ninguna parte. No hay inteligencia en el modo con que se comportan sus protagonistas (incluso muchos de los secundarios de las dos primeras partes eran más verosímiles y actuababan con más lógica) y, por otro lado, las escenas de suspense carecen del ingenio o el sentido del ritmo, planificación y profundidad que daban vida a este tipo de situaciones en Scream 1 y 2, devolviéndolas ahora de nuevo al terreno del cliché del que estas dos primeras partes habían conseguido sacarlas. Lo peor es que a mí me dio la sensación de que todo el reparto estaba francamente aburrido con esta cuarta parte, o al menos eso es lo que me sugerían desde la dirección de Craven (quien parecía haber puesto el piloto automático en el 90% de metraje) hasta las actuaciones del reparto (sobre todo, en los protagonistas habituales de la saga, con trabajos muy poco inspirados no sé si por la floja materia con la que trabajaban o, sencillamente, porque el proyecto no les interesaba más allá del talón que iban a cobrar al finalizar el rodaje).


En cualquier caso, si algo me entristeció particularmente fue la tesis que sostenía la película, y que, una vez finalizada la misma, considero que se perfila como una triste excusa para otorgar cierta dignidad y sentido crítico más o menos continuista para con sus antecesoras, cuando, en realidad, el único sentido auténtico y oculto de la misma era hacer taquilla sin demasiados esfuerzos creativos. Pues, si Scream era una tesis sobre el slasher, Scream 2 sobre las secuelas y Scream 3 sobre... en fin, sobre lo que sea... en el plano "intelectual", Scream 4 pretende erigirse en algo así como una tesis sobre el remake. Y es justo en este apartado donde yo veo un interesante material sobre el que podría haberse renovado por completo la saga y, no sé si por despiste o porque no interesaba, no se ha renovado para nada, sino que sólo se ha sofocado. La lástima es que Scream 4 no llega a ser lo bastante atrevida como para llevar su "tesis" hasta sus últimas consecuencias. No se atreve a mencionar determinados remakes recientes tan buenos o incluso mejores que el original, como el Halloween de Rob Zombie o Las colinas tienes ojos de Alexandre Aja. Si bien ella misma no llega a ser un remake propiamente dicho (tampoco es que lo intente, ni que le interese), no se atreve siquiera a reinventarse a sí misma, por ejemplo ciñéndose a la estética sucia y realista de esta nueva generación de remakes. No se atreve a intentar "mejorar" el original, ni a insuflarle vida. No se atreve a hacer algo nuevo y autónomo, sin por ello dejar de respetar el original. No se atreve a darnos personajes más vivos y verosímiles, humor aún más negro, asesinatos más cruentos. Simplemente, "no se atreve". Ni siquiera en su muy acertado y brutal tercio final, justo antes de ese doble desenlace en el hospital, que parece hecho más para contentar a los productores que a nadie.


No dejo de pensar en la maravillosa Scream 4 que podría haber salido si de verdad hubiesen llevado esa tesis del remake a sus últimas y más viscerales consecuencias. Y es que, si la primera víctima de Scream era una muy creíble Drew Barrymore, y la de Scream 2 una fantástica Jada Pinkett, ¿no hubiera sido sensacional que la primera víctima de Scream 4 hubiera sido una actriz aún más potente y visceral como por ejemplo... no sé... tal vez Natalie Portman? ¿O por qué no un chico, que eso sí hubiera sido rompedor? ¿Alguien dijo Shia Labeouf? Si vamos a ofrecer un "más difícil todavía", ofrezcámoslo de verdad. Pero no: los señores Craven y Williamson optan por abrir la esperada cuarta parte de su saga nada menos que con un festival de víctimas femeninas sin alma ninguna (ni siquiera las que sí deberían tenerla), cuya máxima aspiración en esta vida es estar predispuestas a ser machacadas por Ghostface... ah, y de las actuaciones, mejor no hablamos. Pero bueno, que esto es sólo la punta del iceberg. Y a fin de cuentas, Scream 4 es lo que es, no lo que podría haber sido. Y si algo es, al menos bajo mi óptica, es una cuarta parte innecesaria, vacua y sólo entretenida en momentos muy aislados. Una cuarta parte que ni siquiera se atreve a renovarse cuando se lo pone a sí misma a huevo (de nuevo, me remito al doble final) y que, por desgracia, de momento cierra la saga con un suspenso. Y de los bajos. Una pena.
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lunes, 18 de abril de 2011

"VERSÍCULOS PROHIBIDOS": MICRORRELATOS PARA SEMANA SANTA

Como de costumbre cada vez que hay una festividad más o menos sonada a la vista, la editorial 23 Escalones y Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror nos hemos unido para elaborar una antología de microrrelatos de terror. Esta vez, con la Semana Santa como tema central, obviamente. O con la Pascua, porque lo que es mi aportación, titulada "Huevos", tiene bien poco que ver con la pasión de Cristo. Como ya sabéis, tenéis que pinchar en la fantástica portada inferior para poder descargar el archivo gratuitamente (después, hay que convertirlo con un programa del estilo "Calibre"):


En fin, espero que os guste el libro. Nosotros estamos muy contentos de poder seguir ofreciendo carne (y sangre) en Viernes Santo...

lunes, 28 de marzo de 2011

ENTREVISTA A DAVID JASSO

Hacía muchos meses que Walpurgisnacht no ofrecía una entrevista a alguna de las personalidades patrias más destacadas en el género de terror, y parece ser que, en estos momentos, no hay opción más adecuada para retomar esto que David Jasso. Aprovechando el doble lanzamiento al mercado de su novela El pan de cada día (Editorial 23 Escalones) y su antología Abismos (Editorial Grupo Ajec), pues, mantenemos una charla con este kamikaze incansable del terror en español, novelista y cuentista fogueado en mil frentes, y que además, por si con esto no tuviera suficiente, ostenta el título de presidente en Nocte, la Asociación española de escritores de terror. Ahí es nada.


Walpurgisnacht: El título de tu nueva novela (El pan de cada día) tiene una fuerte carga religiosa que, sin embargo, se subvierte por completo dentro de la novela, donde casi podríamos ver una maliciosa inversión a gran escala de la liturgia católica. ¿Cuánto reconoces de esta interpretación en las intenciones de tu libro?

David Jasso:
Es cierto, el título hace referencia a una frase del Padre nuestro y, por extensión, a una expresión coloquial que viene a decir que algo muy frecuente es “el pan de cada día”. Sin embargo en la historia se pervierte este significado dotándolo de tintes mucho más oscuros y siniestros. Has pillado por completo mis intenciones. No se trata de un libro que se adentre en la Religión, pero existe ese matiz subversivo y depravado. Admito mi culpa al respecto, sé que arderé en el infierno, lo tengo asumido desde que comencé a escribir.

W: Las primeras menciones a la matanza de Santa María no dejaron de recordarme a algunos pasajes de la historia negra de España, quizás con los crímenes de Puerto Hurraco a la cabeza. ¿Influyó este tipo de noticias de algún modo en la concepción de tu libro?

DJ:
En este país somos especialistas en montar espectáculos circenses de las tragedias. El hecho de que, en la novela, de la noche a la mañana tengan lugar decenas de crímenes no puede escapar a los medios de comunicación ni a la sociedad en general. Imagino que su tratamiento sería de puro disparate, la experiencia así nos lo hace temer. He querido reflejar lo que de esperpéntico hay en nuestro tratamiento de las tragedias. No incido en ello, pero sí que ofrezco de pasada una innegable crítica a los medios de comunicación.

W: La presencia de la tabla de ouija tiene una importancia vital en la historia, e incluso la vemos prefigurada en la portada. De hecho, considero que describes con especial mimo y atención al detalle la realización de la sesión de espiritismo que desencadena la acción. ¿Has tenido experiencias personales al respecto o, simplemente, te has documentado de forma más indirecta?

DJ:
Yo no creo en los fenómenos paranormales, me niego a hacerlo, mi mente racional y lógica no los admite. Sin embargo he sido testigo de hechos inexplicables relacionados con sesiones de ouija que no pienso comentar por ser demasiado personales. No pienso buscar explicaciones, porque creo que se hallan fuera de nuestra comprensión, que somos peces intentando comprender el cristal de nuestra pecera. En la época en la escribí esta novela solía realizar sesiones con cierta frecuencia por pura diversión, y tuve algunas sorpresas al respecto, tanto es así que dejé de hacerlas.

W: Me pareció una decisión arriesgada por tu parte hacer que el narrador en primera persona que hay en Luis coquetee con la omnisciencia en algunos puntos. Se me ocurre, por ejemplo, la exactitud casi testimonial con que conoce y nos da a conocer no sólo algunas de las acciones, sino incluso algunas de las emociones de su novia tras el encuentro de la nota. ¿Se debe esta decisión al asombroso viraje con que se cierra la novela o es tan sólo un apunte rayano en lo postmoderno?

DJ:
Mis narradores suelen ser muy listos y saben muchas cosas (risas). Esta novela utiliza varios narradores mezclados, hay fragmentos en primera persona y otros en tercera. En principio el narrador principal de esta novela puede enterarse a posteriori de muchos de los detalles que cuenta, es completamente factible. Pero admito que en ocasiones se trata de un recurso estilístico que suelo utilizar, atribuyo al narrador en primera persona conocimientos que no debería tener, creo que esa perversión de la forma ayuda a descolocar mentalmente al lector, aporta información interesante y contribuye a “deshumanizar” la narración. Sería el equivalente a inclinar la cámara en una película de terror, son detalles discordantes que ayudan a crear desasosiego.


W: Bajo mi punto de vista, el auténtico plato fuerte del libro son las descripciones de esa especie de infierno en la Tierra que se desata en la panadería. Se trata de descripciones tremendamente inconcretas, pero al mismo tiempo, tan vívidas que sobrecogen. ¿De qué oscuro rincón de tu cerebro ha salido todo eso?

DJ: Confieso que no he tenido que rebuscar en ningún rincón oscuro de mi cerebro, todo él es así. En algunas novelas y películas se ha descrito el infierno y el resultado suele ser lamentable, principalmente porque cada uno tiene ya su propio concepto grabado a fuego (nunca mejor dicho) en su subconsciente y al final todo se suele quedar en una patochada que no convence a nadie. Yo no pretendo mostrar el averno, solo quiero atisbar un poquito, entreabrir la puerta y mirar por la ranura, lo que vemos es parcial e inconcreto, ni siquiera metemos la cabeza, pero podemos intuir muchas cosas, entrever algunas sombras, sentir ciertas presencias. Hasta que alguien abre la puerta desde dentro con un fuerte tirón que casi nos arrastra al interior...

W:
El pan de cada día parece jugar a menudo a defraudar las expectativas del lector, presentando protagonistas que luego resultan no serlo, como ocurre en cuanto termina la “Primera Parte” y el punto de vista vira abruptamente hacia Luis. Pero es que luego ese protagonista, que en cierto modo se mantiene hasta el final, tampoco acaba resultando ser exactamente el típico héroe de una historia de terror. ¿Encuentras que la sorpresa es un ingrediente básico del género?

DJ: Me joden los tópicos y lo previsible. El pan de cada día juega con muchos elementos reconocibles en la literatura de terror: las sesiones de espiritismo, las posesiones demoníacas, los crímenes violentos, pero he procurado conscientemente desmontar las expectativas que el lector pudiera crearse, que no sepa por dónde va a transcurrir la historia. Hombre, más que “defraudar las expectativas” del lector, yo diría que lo que hago es “saltármelas a la torera”. Quiero que piense que la novela discurre por terrenos conocidos, para luego hacerle tomar desvíos inesperados que nadie sabe adónde nos van a llevar. Hay giros y requiebros, nos salimos del camino que creías entrever. Todo eso está hecho con intención de sorprender y atrapar al lector, que no sienta que le están contando una historia ya conocida. Que no espere lo previsible. Me encanta hacerle pensar que va a pasar algo y luego, joderle y llevarlo por otro lado.

W:
El amor en tu novela es un agente redentor, que posibilita la salvación, pero al mismo tiempo, vemos que se puede convertir en un instrumento de condena. ¿Tienes esta visión un tanto cínica del amor o sólo es cosa de tus personajes?

DJ: Ay, el amor... El amor es locura. Maravilloso quizá, pero también terrible. A veces el desamor o el amor no correspondido sobreviven más tiempo que la pasión desenfrenada. Eso ya quiere decir mucho. El amor siempre es un error, por eso está en nuestra naturaleza humana y caemos en él una y otra vez. Lo malo del amor es que se ama a las personas; y las personas suelen hacer daño, incluso sin querer. No, la visión cínica sobre el amor no la tienen solo mis personajes. Los mayores sufrimientos que puede experimentar el ser humano son producto del amor desenfocado. Todas las mujeres asesinadas por sus pareja son víctimas del amor.

W: ¿Consideras esta novela tu incursión más puramente genérica en el terror?

DJ:
Pues creo que sí, junto a Cazador de mentiras, en ambas el terror es físico e identificable. La amenaza es punzante. En esta novela también existe, como en casi todos mis trabajos, un fuerte componente de terror psicológico, sin embargo es el terror visceral, directo e inevitable el que subyace en la mayoría de las páginas. He querido hacer una novela de género, sin lugar a dudas.


W: Dejando un poco de lado El pan de cada día, también acaba de salir a la calle Abismos, tu antología editada por Grupo Ajec. ¿Qué podemos encontrar en este otro libro?

DJ:
Abismos es un libro muy querido porque recoge unas cuantas novelas cortas (o relatos largos) que difícilmente pueden tener salida comercial. Pero tengo mucho cariño a todas esas historias. Son relatos con un marcado terror psicológico, pretendo que lo que motive el espanto no sea tan directo como en El pan de cada día, sino que nazca en nuestro interior y vaya creciendo sin que podamos hacer nada para evitarlo. El terror más intenso vive en nuestro cerebro, yo solo ayudo al lector a practicar cierta “introspección”.

W:
¿A santo de qué se te ocurrió ir vestido de presidiario para la reciente presentación de tus dos libros?

DJ:
Las presentaciones de libros son aburridas, admitámoslo. Suelen estar el autor, el editor y un “enteradillo” más o menos famosete dedicándose loas unos a otros... Cuando acudo a una de estas presentaciones-tipo me muero de aburrimiento. Pretendo ser original cuando escribo mis libros y también en las presentaciones de los mismos. Cuando presenté Feral organizamos una especie de concurso televisivo y nos lo pasamos pipa (aún hoy hay algún asistente que todavía tararea el politono de Feral). La presentación de Abismos y El pan de cada día ha tenido como leit motiv un juicio al autor por editar dos libros a la vez. La invitación al acto era una citación judicial, los asistentes conformaban el jurado popular y los colaboradores ejercían de juez, fiscal, abogado y testigos. He contado con la ayuda de unos cuantos amigos que han participado encantados en esta locura y a los que estoy muy agradecido. El caso es que nos lo pasamos bien y el público también. Lo de menos es hablar del autor y de los libros, lo importante es conectar con la gente y disfrutar. Y si se echan unas risas, pues, oye, eso que nos encontramos. El hecho de ir vestido de presidiario tenía una justificación de “guión”, aunque parezca mentira, las presentaciones están muy curradas y estudiadas, que conste.

W: ¿Cuáles son los autores que más te han influenciado?

DJ:
El autor que más me influye es el que estoy leyendo en cada momento, sobre todo si es bueno. No puedo evitar detectar recursos en lo que leo, encontrar nuevas formas de expresión, localizar errores en los que no conviene incurrir, siempre se aprende cuando se lee. Y los autores buenos son los que más enseñan. Eso sí, admito que durante años disfruté con Stephen King y Richard Matheson, creo que como casi todos los autores de terror actuales. Pero lo importante no es inspirarse en el trabajo de nadie, sino “deconstruir”, desmontar lo que otros han construido para ofrecer nuestra propia visión de las cosas.

W: Ya para finalizar, te voy a poner en un pequeño aprieto en el que me pusieron a mí mismo hace poco: ¿qué es para ti el terror?

DJ:
El terror es cuando tu hija adolescente no ha regresado a casa a las 6 de la mañana y suena el teléfono. El terror es cuando trabajas en una pequeña empresa que tiene problemas y el jefe te convoca a su despacho con tono afligido. El terror es cuando comienzas a olvidar demasiadas cosas que deberías recordar, y sabes que no son despistes, que hay algo más anquilosando tu cerebro. El terror es ver los informativos mientras comes y seguir masticando tranquilamente sin sentir vergüenza de este puto mundo asqueroso El terror es cuando las personas con las que te cruzas por la calle te dan miedo sin razón aparente. Sabes que no debería ser así, pero no puedes evitarlo. El terror es cuando estás a solas y odias tu compañía porque el tipo del espejo te mira malencarado. El terror es no tener sueños porque todos han muerto ya antes de cumplirse; y no querer volver a soñar para no tener que volver a sufrir desengaños. El terror es cuando estás vacío.