viernes, 27 de abril de 2012

REC 3 Y APARTAMENTO 16

 

Si alguien me hubiera dicho en la década de los 90 que, ya entrado el siglo XXI, el cine español contaría con una franquicia de terror, sin duda me habría parecido una premisa digna de una novela de ciencia ficción. Y sin embargo, ahí tenemos Rec, rompiendo moldes y (me gustaría pensar) sentando precedentes. Una franquicia que cuenta ya con tres películas, un cómic y, en camino, un videojuego y una cuarta película. Todo un hito en un país donde, con más o menos apoyo del público nacional, el género fantaterror está haciéndolo cada vez mejor... o casi, pues debo decir que el cómic (Rec) Historias inéditas es un poco una jarra de agua no sé si fría, pero sí fresquita. En primer lugar, por culpa del error (bastante serio, a mi parecer) de empeñarse en convertir a la niña Medeiros en una suerte de Creepy que, con una verborrea de humor negro sacado de no sabemos muy bien dónde, nos introduce de forma bastante desconcertante en cada una de las historias. En segundo lugar, por culpa de una notable irregularidad en el nivel de interés de las historias que componen este volumen, pues al menos en mi caso, debo decir que solo aquellas que arrojan cierta luz sobre el origen de la niña Medeiros me parecen relevantes y dignas de disfrutarse. El resto me resultan demasiado accesorias, anecdóticas y, ¡ay!, aburridas en algunos casos.


Bien distinto es el caso de (Rec) 3 Génesis, un producto muy entretenido y de un ritmo que prácticamente no decae. Un producto que, además, da un giro muy particular a la franquicia, al posicionarla de pronto en el terreno de algunas películas de terror hilarante, por momentos casi cartoonesco, al estilo de Terroríficamente muertos. A mi parecer, y pese a que insufla una astuta bocanada de aire fresco a la serie, se trata una decisión sin duda arriesgada, y puede que no del gusto de todo el mundo, pues aunque es cierto que retoma determinados tonos y texturas de humor negro que ya quedaban apuntados en la segunda parte, aquí los amplifica e incluso los sobredimensiona hasta rozar por momentos lo granguiñolesco. Y esto puede resultar ser un problema cuando, como dice un buen amigo, "uno va a ver una peli de terror para que le den terror, no comedia". Por eso es muy importante ver esta (Rec) 3 Génesis como lo que es... o mejor dicho, no verla como lo que no es... o mejor dicho, no verla como lo que no es todo el tiempo. ¿Terror? Solo de forma puntual (la escena que se ve en el autobús gracias a las cámaras de seguridad es, aunque breve, muy efectiva y sugerente). ¿Sustos? Unos cuantos. ¿Humor negro y desbarre? Todo un festín.


Quizá los únicos lastres menos subjetivos que presente esta película son una introducción cámara en mano que, si bien necesaria, puede hacerse demasiado monótona (máxime cuando es difícil que algo así vuelva a funcionar al mismo nivel que lo hizo en la primera Rec) y una sobreexplotación de la bufonada en determinados pasajes (ese John Esponja...). Sin embargo, estas carencias se suplen con un ritmo endiablado y, como bonus, con ciertos apuntes de lo más incisivos de costumbrismo inesperado (la breve conversación que mantienen la protagonista y su amiga francesa sobre la invitación a la boda no tiene desperdicio alguno y, para quien como yo se exaspera con determinadas dinámicas que se repiten en esto de las bodas españolas, resulta hilarante).


En todo caso, no solo de cine vive el hombre... O "malvive", mejor dicho, si nos referimos al último libro que he leído/sufrido: Apartamento 16, de Adam Nevill. Por lo general, no me gusta perder el tiempo escribiendo sobre cosas que no me han gustado, pero esta novela es un caso de ineptitud tan excepcional que merecería figurar en cualquier taller sobre cómo NO debería escribirse una novela de terror (o una novela en general, si me apuras). Lo curioso es que la crítica inglesa, que sabe muy bien cómo vender lo suyo, lo ensalza... y los lectores españoles, que nos creemos todo lo que nos dicen los de afuera, nos lo creemos, claro. Pero la verdad (o mi verdad, si se prefiere) es que Apartamento 16 es una novela de una incapacidad y una superficialidad ejemplares. Cierto es que ofrece alguna que otra idea interesante (y aislada, casi anecdótica) y algún que otro momento de inquietud bien trabajada para construir lo que no viene a ser sino otra novela de fantasmas al uso, pero la triste realidad es no ya que en ningún momento rompa moldes (que no lo hace ni por asomo), sino que ni siquiera como obra acomodaticia da la talla. De hecho, todo se reduce al producto de una suma muy simple: Pesadilla en Elm Street + Drácula + El modelo de Pickman = Apartamento 16. En principio, esto de las ecuaciones matemáticas no me parece un problema insalvable, siempre y cuando el autor lo atenúe otorgando a la ecuación un poco de su personalidad y su alma... Pero esto último, por desgracia, no interesa lo más mínimo a Nevill, que se empeña en estirar como un chicle (de poco más de 400 páginas) una historia que, en realidad, ya daba todo de sí en solo 120 páginas como máximo. Más de 400 páginas de innecesarias y farragosas descripciones de ambientes, mientras descuida a sus personajes, todos los cuales aparecen más bien desdibujados (con mención especial de la protagonista, ¡manda cojones!, cuya vida me importó poco menos que nada, sobre todo porque me parece un ejemplo sobresaliente de cómo escribir mal un personaje femenino). En fin, podría extenderme más, porque de verdad que este libro me parece un caso apasionante a la hora de estudiar cómo no debería escribirse una novela de terror, pero ya he dicho antes que no me gusta perder el tiempo criticando lo que no me gusta... y hoy lo he hecho de sobras.

martes, 13 de marzo de 2012

9ª muestra Syfy de cine fantástico: Cómputo

Uno de los principales obstáculos con los que se topa el género fantástico en nuestro país es la disparidad en cuanto a su difusión. Es decir: o hay mucha visibilidad o no la hay en absoluto. De ahí que podamos consumir sin problemas casi cualquier propuesta siempre y cuando no se salga del mainstream impuesto por Hollywood con sus grandes presupuestos y sus grandes estrellas (o impuesto por los grandes sellos editoriales)... y de ahí que resulte casi imposible disfrutar de otras propuestas. En muchos casos, por simple desconocimiento; en otros, por eso y por falta de distribución. Con semejante panorama, hay que reconocer el valor que tienen determinados festivales de género como el festival de Sitges, pues gracias a ellos podemos acceder a productos que, si tuviéramos que esperar a que las siempre lentas (cuando no estancadas) aguas de la distribución siguieran su cauce, jamás conoceríamos. Por eso nos acercamos el fin de semana pasado al cine Callao de Madrid, para disfrutar de lo que la 9ª muestra Syfy de cine fantástico nos podía ofrecer...

... y si algo quedó claro es que Sitges solo hay uno. De la muestra Syfy habría que destacar sobre todo las buenas intenciones, que desde luego me parecen de lo más loables, pero me temo que los puntos negativos pesan demasiado, aunque en el fondo se reduzcan a dos: por un lado, una programación insuficiente e incluso pobre (algunas películas llegan a ser de 2010 y otras se pueden encontrar fácilmente en la red o incluso a la venta en Amazon); por otro, determinados asistentes ruidosos y molestos que con su actitud dejan al descubierto no necesariamente la naturaleza de la muestra, sino aquello en lo que parece ser que se ha convertido. ¿Y en qué se ha convertido? No tanto en un evento para amantes del cine fantástico en general como para madrileños que ven una forma barata de pasar el fin de semana. Por supuesto, esto degenera en demasiadas sesiones espontáneamente golfas con independencia de la hora y de la calidad de la película... o dicho en otras palabras: demasiados niñatos maleducados de veintitantos o de treintaypocos. Y aunque un amigo me dijo que otros años han sido mucho peores, yo tengo claro que, por mí parte, no vuelvo a pisar la muestra si puedo evitarlo (a no ser que la peli que vaya a ver sea de acción descerebrada o de comedia bestia, claro). En todo caso, os comento un poco lo que hemos podido ver...


La última película de Pixar se me antoja una aventura con demasiadas concesiones a todo el mundo como para llegar a alcanzar una entidad propia. Confieso que no he leído nada del héroe creado por Edgar Rice Burroughs, pero ese perrito faldero extraterrestre me parece a mí demasiado marca Disney como para que creas que han sido respetuosos con el material original. Guión deslavazado, personajes mal construidos, actores sin carisma y una historia que no engancha. ¿Qué nos queda? Lo mismo que en todas las películas de Hollywood desde hace demasiados años: 3D y unos efectos especiales fastuosos. ¿Alguien da menos?


Stake Land (algo así como La tierra de las estacas) se vende como un thriller posapocalíptico con vampiros. ¿Tiene thriller? Más o menos. ¿Tiene posapocalipsis? Más o menos. ¿Tiene vampiros? No: tiene zombis. Me da igual que digan que son chupasangres, porque esa panda de muertos descerebrados que se abalanzan sobre los humanos como si fueran a devorarlos en vez de a beber su sangre en mi tierra se llaman "zombis". Aunque, para hacer honor a la verdad, diré que sí sale un vampiro de verdad bien avanzado el metraje. No es una gran película, y de hecho no ofrece nada particularmente novedoso, pero tampoco duele verla.


Hobo with a shotgun (algo así como Mendigo con una escopeta) fue quizá la película que más disfruté de todas. Siguiendo la estela de Machete, se trata de un tráiler falso al estilo grindhouse que han alargado hasta convertir en un largometraje. Una historia ¿futurista?, descerebrada y absurda, sobre un mendigo que dedide tomarse la justicia por su mano en un pueblo podrido de corrupción hasta la médula. Violencia gratuita, humor negro y acción cafre para una película protagonizada por Rutger Hauer, que me recordó un poco a determinadas propuestas ochenteras como Curso del 84.



Esta sesión estuvo cuajadita de niños y la verdad es que no se equivocaron, porque Lorax es una historia bastante infantil con mensaje ecologista dirigida yo diría que casi de forma exclusiva a los más pequeños de la casa (nada que ver con ciertas películas de Pixar). Lo mejor, que el 3D está bastante aprovechado. Lo peor, unas canciones que, aunque pocas, presentan una calidad a mi parecer más bien dudosa.



La buena de Leticia Dolera (presentadora, por cierto, que empezó con cierta timidez y acabó el festival siendo la reina del mambo zombi) nos vendió The Prodigies como la producción de animación europea más cara de los últimos años. A mí lo de las cifras estas locas de producción me impresiona más bien poco, con franqueza, pero puedo decir que después de acostumbrarme a unos gráficos con demasiado estilo de videojuego, disfruté bastante de una película de acción futurista y "comiquera" que, si bien no tiene un ritmo particularmente fluido, se deja ver bastante bien.


Esta no la descubrimos en la muestra, pues en realidad ya la habíamos visto hace tiempo y no nos volvió lo que se dice locos de pasión, precisamente. De hecho, como no soy demasiado dado a hablar de lo que no me gusta, ni siquiera le hice una reseña en su día. Pero hoy la comento por encima, ya que viene al caso. Atrocious es una producción española que se enmarca en el subgénero del found footage (metraje encontrado) al estilo de El proyecto de la bruja de Blair. El problema es que este subgénero tiende a la monotonía a base de repetir esquemas y, a no ser que uno tenga el talento de Balagueró y Plaza para hacer un (REC), pasa lo que pasa con Atrocious: que la historia fluye forzada y sin ganas, hasta desembocar en un desenlace decepcionante en este caso. Por no ser mala persona, diré que tiene algunas escenas que consiguen dar mal rollo... pero pocas.


Por cierto, lo mismo ocurre con Apollo 18, otra de found footage, solo que esta vez con más medios y talento, amén de mejores resultados argumentales (aunque esto último tampoco tiene tanto mérito, pues aunque cuenta con un par de buenas ideas, es predecible hasta decir basta).


Ti West debería enviarles un jamón por Navidad todos los años tanto a Sara Paxton como a Pat Healy, pues al fin y al cabo son ellos dos los únicos que evitaron que me levantara y saliera de la sala (y estoy convencido de que no fui el único a quien le pasó). Y es que The Innkeepers es una película que adolece de un gran problema de indefinición, donde no sabes si estás viendo un ejercicio de nostalgia ochentera, una comedia fantasmagórica o una película de terror sobrenatural que no acaba de arrancar. Al final, queda claro que es un poco todo y nada a la vez. Lo mejor, aparte de sus dos protagonistas, ese desenlace que crispa los nervios. Lo peor, me temo que todo lo demás.


La película que sirvió para clausurar la muestra fue Lobos de Arga, una comedia gamberra licantrópica que da exactamente lo que promete... y que quizá tenga en ello su gran problema (aparte de algunos actores que no sé si hablaban demasiado rápido, no vocalizaban bien o ya estaba yo un poco cansado). Como decía, me parece que su gran problema es que no da ni más ni menos de lo que promete. ¿Es eso realmente un problema? Sí cuando uno se ha encontrado con películas de intenciones similares como Sexykiller, más juguetonas e ingeniosas y menos acomodadas. En todo caso, se deja ver y entretiene bastante.


También vimos las reposiciones respectivas de Ultimátum a la Tierra y El planeta de los simios, pero de estas se ha hablado ya tanto que poco más puedo decir ahora mismo. En cuanto a The Woman, tal vez lo mejor del festival, no la vimos en la muestra porque ya lo habíamos hecho meses atrás en Bluray (con su reseña correspondiente).

lunes, 13 de febrero de 2012

LAS PINTURAS NEGRAS DE GOYA

Recuerdo que hace un par de años fui a una conferencia bastante interesante que dio Iker Jiménez en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. El tema era la evolución social del terror a lo largo de la historia: desde las supersticiones más infundadas transmitidas de generación en generación hasta el miedo al fin del mundo. Sin duda, un tema muy complejo y extenso, pero que yo creo que supo llevar bastante bien, dada la duración de la charla. El caso es que, cuando un espontáneo del público le preguntó qué era lo que más genuinamente le daba miedo a él, no dudó un instante: ni películas ni libros ni leyendas urbanas... sino las pinturas negras de Goya. Como sabéis, las llamadas "pinturas negras" del magistral pintor español Francisco de Goya y Lucientes son una serie de 14 obras murales que creó para decorar su casa, la Quinta del Sordo, y que a partir de 1874 fueron trasladadas a lienzo. La "negrura" de la denominación de esta obra hace referencia no solo a la paleta de color usada por el artista (colores muy apagados, casi mortecinos), sino también a lo sombrío de los temas expresados. Hay que puntualizar que dichas obras llegaron con un Goya que había tenido la desgracia de ver y vivir en carnes propias algunas de las peores experiencias con las que se puede enfrentar un ser humano: una guerra muy sangrienta (que dio pie a algunas obras tan icónicas y espeluznantes como "Los fusilamientos del 3 de mayo") o una grave enfermedad que lo tuvo postrado y al borde de la muerte (pasaje también reflejado en una obra tan insólita y perturbadora como "Goya atendido por el doctor Arrieta"). Las pinturas negras, sin embargo, destacan por ser algunas de las obras más herméticas y enigmáticas de la historia del arte en general. El único nexo común es la paleta cromática (que suele tender a reflejar escenas nocturnas), la composición novedosa de figuras descentradas (a veces rayanas en la monstruosidad) y esos temas normalmente oscuros, sórdidos y de intenciones ambiguas. Ni siquiera los historiadores del arte se ponen de acuerdo a la hora de dar una explicación más o menos homogénea y consensuada a esta obra inclasificable. Por lo que a mí respecta, este fin de semana pude admirarlas en el Museo del Prado de Madrid y solo puedo decir que es una experiencia que os recomiendo. No solo por la belleza sobrecogedora que exudan, sino porque en efecto transmiten ese sentido del horror en muchos casos sobrenatural que tan bien explicó Iker Jiménez en su ponencia.



El Aquelarre: Inquietante, aunque no es la primera vez que Goya dedicaba una de sus obras al tema de la brujería (según algunos historiadores del arte, a modo de crítica a la ignorancia supersticiosa del pueblo llano).


Saturno devorando a un hijo: Tema mitológico para dar carne (nunca mejor dicho) a una de las combinaciones más aberrantes que se nos pueden ocurrir: filicidio + locura + canibalismo.


Átropos o Las parcas: Otro tema mitológico de fondo misterioso.


Dos viejos comiendo sopa: Con franqueza, yo no sé de qué era la sopa que estaban comiendo estos dos ancianitos con aspecto de (respectivamente) bruja y esqueleto... pero ni ganas, la verdad.


La romería de San Isidro: Mi favorito. ¿Cómo pudo Goya convertir una festividad tan alegre en esta manifestación de carácter "pesadillesco" tan marcado? He leído por ahí que las figuras transmiten una crítica a la vulgar ebriedad de un pueblo festejando... pero yo me fijo en la cara desquiciada de esa figura inferior tocando la guitarra, la maldad que exudan algunas expresiones o, sencillamente, la cara de terror puro de la figura con sombrero que se encoge a la izquierda de la fila inferior y no sé qué pensar. Recuerdo que este lienzo es el que más me impresionó en el Prado y, viéndolo, imaginé el espanto de caer dentro del cuadro y unirse a esa romería de pesadilla. El horror, sin más. (Os invito a que hagáis click en la imagen para verla con más detalle).



La pradera de San Isidro: Y como contrapunto a la obra anterior, aquí tenemos otra que pintó Goya muchos años antes para retratar precisamente la misma festividad. El contraste es doliente.

martes, 24 de enero de 2012

¡NOMINADO A LOS PREMIOS SCIFIWORLD!

 

Yo sé que hoy lo propio sería hablar de las nominaciones a los Oscar y todo eso (y lo poco o nada que hay que rascar en cuanto a terror y fantástico). Pero la verdad es que lo dejo para otro momento, porque tengo una pequeña noticia que daros y, precisamente, va de nominaciones. En concreto, de dos nominaciones para las que me va a tocar ponerme en plan señor Barragán (dame aaaaargo). Hablo de los Premios SciFiWorld de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción, que organiza la veterana revista SciFiWorld con la sana intención de premiar lo que el público considere lo más granado de los géneros fantásticos nacionales en diversas disciplinas: cine, literatura, cómic, ensayo... (Podéis leer y votar fácil y cómodamente a los nominados en este enlace.) El caso es que, mira tú por dónde, a servidor le han tocado dos nominaciones como dos soles (bueno, y de refilón una tercera, pero esa es para Felideus, el ilustrador de la portada de mi última novela, Cuerpos Descosidos): Mejor Libro o Novela de Ficción para Cuerpos Descosidos (a la que, como comentaba, cabría sumar la nominación de Mejor Ilustración)...


... y Mejor Relato Corto para "YGST", incluido en la antología Los Nuevos Mitos de Cthulhu.

Como os podéis figurar, servidor está agradecido, emocionado (solamente puedo decir...) con estas nominaciones y, por supuesto, os dejará embarazados de un bebé guapísimo con un cociente intelectual de escándalo si me echáis los votos correspondientes. Claro que lo suyo sería que no votárais a ciegas y porque sí, de modo que si estáis más desubicados que una virgen judía llevando una sandía a una fiesta veraniega clandestina (véase Dirty Dancing para más señas, que también es un poco de terror, la verdad), como diría mi amiga Monidala del Club Pickwick, os invito a que leáis los correspondientes textos. Así, majamente.

Sea como sea, yo os invito a que echéis un vistazo a los nominados en general, porque hay auténticos cracks... lo cual, obviamente, no puede sino hacer que me sienta más dichoso que Kylie en cualquier momento de su día a día. Gracias de antemano.

jueves, 5 de enero de 2012

"AJUAR FUNERARIO": SUPOSITORIOS DE TERROR

Retomamos el blog en este nuevo año (feliz 2012, por cierto... y a ver si es verdad que es feliz) con la primera lectura del año. Se trata de Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki, un libro editado por Páginas de Espuma, que mi amigo Miguel G. estuvo recomendándome durante meses. Un libro de título sugerente, inquietante... y de portada no menos sugerente e inquietante, como véis, con ese suponemos que militar enterrado de forma muy opulenta con todo su ajuar funerario. (Por cierto, y ahora que no nos oye, a saber qué crímenes contra la Humanidad debe de haber cometido este señor de expresión plácida...)


Ajuar funerario es una antología de narrativa mínima (microrrelatos, en la mayoría de casos) que se enmarca por supuesto en el fantaterror. Una antología que, como todas las de estas características, parece más inofensiva y ligera de leer de lo que en realidad resulta ser. Y es que hay que tener en cuenta lo complicado que resulta ir saltando de forma constante de una pequeña pieza literaria a otra, con el consiguiente cambio de todo (personajes, escenarios, puntos de vista...). Eso por no hablar de la dificultad añadida que implica tener que encerrar todo un mundo, toda una historia y sus significados en unas pocas líneas (que me lo digan a mí, que con mi antología de nanorrelatos Abominatio también me las vi y me las deseé...). Sin embargo, el escritor peruano afincado en Sevilla logra trascender estas trabas y conseguir una antología bastante estimulante. Por supuesto, como en toda antología, hay sus altibajos (y algunas piezas son notablemente mejores que otras), pero lo importante es que Iwasaki consigue que el cómputo global sea satisfactorio: una antología que bebe tanto de Poe o Lovecraft como de las anécdotas en la casa de la abuela del autor, y que consigue inquietarnos, estremecernos y, en ocasiones, hacernos sonreír para después congelarnos la sonrisa con un giro imprevisto.


Lo mejor: Cuando el autor se toma más en serio el microgénero y, en joyas como "Que nadie las despierte", te da expresiones sencillas pero tremendamente elegantes como "las luces de los coches se disuelven líquidas en la cremosa oscuridad". Chapeau. Y por supuesto, cuando se toma el terror totalmente en serio y te obsequia con imágenes de lo más espeluznantes (que hay unas cuantas).

Lo peor: Cuando el autor no se decide a dar lo expuesto justo arriba, es decir, lo mejor. Y ocurre en algún que otro caso, por desgracia, aunque no en demasiados.

viernes, 30 de diciembre de 2011

"I SPIT ON YOUR GRAVE" Y "THE WOMAN": MUJERES EN PIE DE GUERRA

No sé si tan solo es casual o tal vez sintomático de a saber qué, pero sin duda resulta curioso que dos de las películas de terror más estimulantes que he visto en el último mes sean I Spit On Your Grave y The Woman. ¿Por qué resulta curioso? Por los puntos en común que guardan, básicamente. Ambas toman a una mujer como origen del terror o, mejor dicho, como elemento al que temer en un momento dado. Ambas mujeres son agentes de una violencia visceralmente física, primitiva, sin concesiones de ningún tipo. Y ambos filmes se originan a la sombra de un film anterior al que enmiendan la caligrafía. En el caso de I spit on your grave, se trata del remake de la película homónima de 1978. En el caso de The Woman, viene a ser la secuela de Offspring (2009). Como punto en común adicional, cabría apuntar que ninguna de ambas películas ha sido estrenada en salas comerciales en este el país de Belén Esteban (¡Dios nos libre de todo "mal" cinematográfico!)... pero bueno, eso es otro tema.


I spit on your grave nos cuenta la sangrienta historia de venganza de una mujer contra los hombres que la han violado. Un argumento visto mil veces, sí, tal vez de un posfeminismo algo dudoso, pero que siempre apela a cierto nervio muy "sensible" de nuestro lado más visceral... y que, por tanto, raramente no funciona. La diferencia entre el original y el remake reside no solo en su estética (esa "estilización sucia" tan propia de determinada corriente del terror actual...), sino también en la brutalidad refinada y llevada al límite que exhiben sus asesinatos. Una brutalidad que cae en cierto regodeo gore tanto en su versión setentera como en la del siglo XXI, pero que en esta última se pule de imperfecciones para convertir lo que en la otra solo era una mujer "muy bien organizada" (por así decirlo) en una auténtica sombra sedienta de sangre y poseedora de una aura casi mítica. Quizá esta película no sea la gran revelación de lo que llevamos de década, pero sin duda compone un entretenimiento más que digno dentro de sus parámetros. Y como tal funciona.


El tipo de mujer vengativa que nos presenta The Woman es bastante distinto. De hecho, no hay transición de víctima indefensa a loba herida en busca de la más sanguinolenta de las revanchas: en el caso de esta segunda película, la loba lo es desde el principio (de hecho, se trata de la superviviente de la familia de caníbales de la primera parte). Una loba salvaje a quien un sádico machista toma erróneamente por cordero... cuando, en realidad, lo que hace la mujer del título es esperar pacientemente el momento de resurgir de sus despojos de falsa civilización. Por desgracia, no puedo hablar demasiado de la primera parte (Offspring) pues la empecé a ver ayer y aún ni la he acabado, pero la impresión general que me da es que es notablemente inferior a su secuela. Y es que The Woman, aun con sus efectismos granguiñolescos, se me antoja que adopta un enfoque más rico no solo en forma, sino también en fondo, al regalarnos una reflexión más bien cínica tanto sobre las trampas de la mal llamada civilización como sobre las de la (a menudo) mal llamada familia. Una reflexión que va arrasando con todo, hasta que lo único que deja en pie es una mujer salvaje que quizá en el fondo no sea tan salvaje. Una mujer que, en definitiva, solo se debe a sí misma y a sus instintos (entre ellos, el de fidelidad a los suyos).

lunes, 21 de noviembre de 2011

"MELANCHOLIA", "EVA" Y "VERBO": TRES VISIONES DISTINTAS SOBRE LA CIENCIA FICCIÓN

Entono el mea culpa: este blog es muy poco dado a hablar de ciencia ficción y hay un punto de injusticia en ello. Pero bueno, solo es porque a título personal me encuentro más próximo a géneros como el terror y el fantástico (más cerca del primero que del segundo, lo admito). Sin embargo, resulta que tres de las películas que más me han interesado en el último mes resultan pertenecer a este género. Algunas más que otras, sí. Así que, por una vez, haremos una excepción.


Lars Von Trier sigue con lo que, a mi entender, es su particular reinterpretación de los géneros cinematográficos. Si con El elemento del crimen le dio lo suyo al cine negro, con Rompiendo las olas al melodrama, con Bailar en la oscuridad al musical y con Anticristo al terror... ahora le toca a la ciencia ficción, representada en Melancholia. Quien no "soporta" el fantástico en general (métase ahí "terror", "ciencia ficción" y todo el lote) porque le parece un género menos digno que el drama social y el cine histórico dirá que la última marcianada del cineasta danés no es una película de ciencia ficción, sino una metáfora sobre la depresión anímica y el ser humano. A mí me parece una historia sobre el finde (el del mundo) y sobre dos buenas hermanas que "la pasan rebien" esperándolo. Salvo por un prólogo a cámara lenta de una estética poderosa y alucinante, tengo que admitir que la primera mitad de Melancholia, es decir, la primera horaza, me pareció particularmente aburrida y difícilmente soportable. Pero el loco de Trier es lo que tiene: con un elegante giro de guión en la segunda mitad, consiguió dotar a la primera de todo el sentido que yo no le encontraba, convertir su película en una experiencia angustiosa... y de paso, lograr que ese prólogo tan salao del que hablaba yo unas líneas más arriba adquiriera un significado pleno dentro del argumento, más allá de la belleza de sus imágenes. Melancholia es, con toda probabilidad, la película más bestia que he visto sobre el fin del mundo. Nada de amables espectáculos infográficos y héroes americanos corriendo para salvar a su familia: lo que encierra esta película es verosimilitud (humana, digo, porque a nivel puramente científico seguro que no es tan verosímil), una mala uva que te zarandea con la angustia que te provoca y que, en el último plano de la película, te deja de forma literal pegado a la butaca.

Lo mejor: Los sentimientos que te provoca, siempre a gran altura, y que convierten la película en una experiencia, un viaje. La interpretación tanto de una intachable Charlotte Gainsbourg como de Kirsten Dunst (la de esta última, sin llegar a ser prodigiosa, se convierte en el mejor trabajo de su carrera).

Lo peor: Que te salgas a mitad de película porque te esté pareciendo un coñazo. Y por supuesto, no poder saber nunca qué hubiera sido de un papel como el de Kirsten en manos de una actriz mucho más dotada y versátil como Penélope Cruz (que fue la primera candidata).


Si hay un género al que es muy poco dado el cine español, ese es la ciencia ficción. Baste con recordar que las cintas más recordadas a este respecto son, seguramente, Acción Mutante (tremenda gamberrada voluntariamente casposa y cínica, que marcó el debut en el largo de Álex de la Iglesia) y Abre los ojos (taquillazo amenabariano que se tomaba el género de forma muchísimo más seria, aunque quizá también más pomposa). Por eso sorprende tanto un estreno como Eva, historia de ciencia ficción seria, adulta, de sentimientos... y además, con unos efectos especiales poco grandilocuentes pero muy notables, que no en vano se llevaron el premio correspondiente en la última edición del festival de Sitges. Su historia sobre inteligencia artificial tiene una premisa que tal vez puede recordar al famoso título de Steven Spielberg (un científico es contratado para crear un niño robot -niña robot, en este caso- lo más verosímil posible), pero lo cierto es que la película de Kike Maíllo acaba tomando otros derroteros y, aunque ni de lejos alcanza los resultados de la de Spielberg, sí logra convertirse en una propuesta atractiva y amena, con voluntad comercial, y que sin duda merecía mejor suerte en taquilla.

Lo mejor: La variedad que aporta a una cinematografía (la española) cada vez más variada e interesante. Los efectos especiales. Y que, aun con un desarrollo pausado que búsca más al público adulto que al adolescente, no aburre.

Lo peor: Que a pesar de la variedad que aporta a una cinematografía (la española), de cara a la taquilla siempre pesen más los prejuicios del público. El guión no está mal, pero pudo haber dado bastante más de sí.


Y cerramos no solo con la que, junto con Melancholia (posiblemente detrás, pero no lo he decidido todavía), es mi favorita de las tres, sino con la que con más dificultad podríamos calificar de ciencia ficción. De hecho, creo que Verbo se acerca más al fantástico, pero me venía bien meterla en este post (jus jus). El debut en el largo del español Eduardo Chapero-Jackson (¡Noooo! ¡Más cine español!) es una reflexión en clave fantástica sobre los demonios de la adolescencia, esa complicada edad que no siempre tiene final feliz... y que se lo pregunten, si no, a los adolescentes que son víctimas de bullying por h o por b o por homosexualidad. El gran problema de la película, bajo mi punto de vista, es que tiene un público muy complicado: o bien adolescentes con una sensibilidad muy particular (que no sé yo cuántos son, a tenor de la pobre taquilla que ha hecho la película) o bien adultos que puedan dejar en suspenso sus veintipico/treinta-y-pico/cuarenta-y-pico años e identificarse con la protagonista... a pesar de que, dicho sea de paso, la película también reflexiona un poco sobre la responsabilidad de los adultos en el desarrollo de los adolescentes y de en qué convierte la sociedad a los adolescentes cuando llegan a adultos (a este respecto, no puede ser más elocuente la escena final del padre de la prota en la reunión de trabajo). Vamos, que aquí hay candela para todos. Si consigues dejarte los prejuicios en casa, sin duda Verbo es una experiencia que vale la pena.


Lo mejor: Algunos hallazgos visuales, tanto fuera como dentro del mundo fantástico. Cómo Jackson logra sacar lo mejor de un presupuesto tan poco holgado. La complejidad con la que se elige contar una historia, en realidad, tan sencilla. La interpretación asombrosamente sólida de una debutante como es Alba García. Y por supuesto, ese uso atrevido de los diálogos en verso, del que tan mal había oído hablar y que, sin embargo, tan bien me funciona.


Lo peor: Algún "hallazgo" visual dentro del mundo fantástico (en concreto, la más bien raquítica parte de animación). Que no haya una diferenciación más clara de las pruebas en el mundo imaginario. Que la mayoría de críticos se crean que lo que ha hecho Jackson en esta película es una arriesgada y fallidísima ruptura de formas y géneros... cuando en realidad, esa mezcla de realidad marginal, mundos fantásticos, cultura pop (hip hop, en concreto) y El Quijote a mí me remite totalmente a una personalización por parte de Jackson de los mundos de Neil Gaiman (y de forma más lograda que fallida, dicho sea de paso).