sábado, 8 de junio de 2013

"EL MANANTIAL": ENTREVISTA AL ESCRITOR ALEJANDRO CASTROGUER

El manantial, de Alejandro Castroguer, es sin duda una de las novelas españolas de terror más polémicas (quizá la más) que se editaron en España en 2012. Y es que pocas veces se encuentra uno en la portada de un libro una advertencia como una catedral donde se le anticipan los pasajes de violencia extrema y sexo que va a encontrarse entre sus páginas. Pero ¿cumple El manantial con la promesa de esa etiqueta que flanquea la ilustración efermizamente erótica de Alejandro Colucci? Yo diría que sí, con creces. Sin embargo, no se queda en eso, pues nos ofrece algo más. Para empezar, una prosa que no está nada mal y que, en ocasiones, roza lo poético (incluso cuando dicha prosa se pone al servicio de pasajes de lo más truculentos). También nos agasaja con una pareja de personajes casi antológicos, esos Abel y Verona que se entregan a los juegos más atroces en un colegio sitiado por zombis. Unos Abel y Verona que, por cierto, podrían hermanarse en cierto modo con los Mickey y Mallory de la película Asesinos natos. Y por último, pero quizá más importante, la novela de Castroguer nos ofrece además una reflexión bastante apesadumbrada sobre la naturaleza humana, que en determinados momentos puede dejar en el lector un poso inesperadamente triste (y digo "inesperadamente" porque el poso aparece ya mediado el libro, tras una espiral escalada de malos rollos y escenas a cual más sórdida).

Entonces, ¿resulta El manantial una novela recomendable? Desde luego, lo que tengo claro es que no es un libro para todo el mundo. Me pasa un poco como ya me ocurrió con A Serbian Film o Secuestrados: hay que tener el estómago hecho de determinados materiales para llegar hasta el final, e incluso así, a uno puede quedarle la duda de hasta qué punto eran necesarios o gratuitos determinados pasajes. Por eso quise hablar con su autor, Alejandro Castroguer, para que me despejara las dudas. A Castroguer lo conocí hace algunos meses y, como suele ocurrir en estos casos (que se lo pregunten a David Cronenberg...), el hombre detrás del "monstruo" resultó ser mucho más civilizado, accesible y "normal" de lo que uno pudiera esperar. De hecho, se trata de un tío con la cabeza estupendamente amueblada... algo que muchos tal vez ni siquiera pudieran imaginar una vez leído El manantial. Os dejo con la entrevista. De lo más jugosa, creo yo.



¿Por qué la temática zombi logra enganchar tanto al público?

La respuesta creo que hay que buscarla en la crisis mundial, algo análogo a lo que sucedió en la década de los treinta del pasado siglo XX, donde triunfó el terror de la Universal: todos esos monstruos condensaban los miedos de aquella gente, al mismo tiempo que los mantenían frente a las pantallas de cine.
Si el género zombi, el de los muertos caníbales que instaurase George A. Romero, floreció a finales de los setenta y se hizo mayor de edad a principios de los ochenta, hay que recordar que murió en los noventa. ¿Las razones? Supongo que la pésima calidad de los productos que se rodaron cuando las ideas se agotaron. Así que es lógico que nos preguntemos, después de aquella muerte por indigestión de bazofia, la razón de este renacer de los muertos vivientes. Creo que la razón, y no otra, es la de crisis mundial.

¿Qué es lo que te ha atraído de este subgénero terrorífico a la hora de abordarlo como autor? ¿El olfato comercial o quizá algo más?

Surgió como mero reto artístico. Hace años rechazaron un cuento que escribí de neorrealismo zombi. Espoleado en el amor propio, dije que escribiría una novela de zombis a mi manera y que, luego, conseguiría publicarla. Hablar de olfato comercial en mis obras casi es una broma: mi verdadero reto no es vender mucho, sino escribir lo mejor posible.

¿Qué diferencia a La guerra de la doble muerte, tu primera novela Z, de El manantial?

Todo. La diferencia entre una y otra novela es como la de la noche y el día. Salvo porque comparten género (Z sin zombis), no se parecen en nada, como dos hijos de unos mismos padres en que uno es alto y rubio, y el otro grueso y moreno. Además, escribí El Manantial de manera completamente opuesta a La Guerra de la Doble Muerte: si esta tenía muchos personajes, secundarios y hasta comprimarios, aquella se centra en dos personajes principales y dos secundarios. Si la primera tenía continuos saltos temporales y flashbacks, la segunda está narrada linealmente. Si una contaba el Apocalipsis desde la óptica de los propios resucitados (que no entienden qué les ha ocurrido), la otra da cuenta de dos jóvenes que han crecido sin más regla que la de la supervivencia y el juego a cualquier costa. Si en La Guerra de la Doble Muerte los zombis eran las víctimas de la resurrección, en El Manantial los supervivientes son los verdugos. Son el anverso y el reverso de mi visión poco canónica de este género.

Debo confesar que, desde que se editó El manantial, la observé con cierto recelo, sobre todo por esa etiqueta no sé si un tanto sensacionalista donde se advertía a los lectores de sus escenas de violencia extrema y sexo explícito. En realidad, me parecía una maniobra de marketing un tanto deshonesta, similar a las de esos Parental Advisory de algunos discos, que en realidad solo parecen encaminados a vender más discos.

No haberla editado con esa etiqueta habría sido un verdadero disparate. ¿Marketing, anzuelo como dices? Llámalo como quieras, Javier, tal vez sólo sea cordura. Piénsalo: a la línea Z de Dolmen se acercan muchos chavales de 14 años, así que no quería líos ni pleitos de ningún tipo. Porque en la novela hay sexo y violencia, y a granel. La etiqueta no mentía, no miente. Si lo hiciese, se me podría criticar y con razón: todo es puro afán comercial. Pero no es así. Además, apuntaré que la etiqueta ha obrado el milagro de que en Málaga, mi ciudad natal, hayan llegado muchos menos ejemplares de El Manantial que de cualquier otro título de Dolmen (menos de la mitad). ¿Dónde está el marketing?
A lo mejor, la cuestión a plantearse es, ¿la mente de algunos lectores es más perversa que la de Abel o Verona? Yo tengo clara mi respuesta.



Sé que es una pregunta que no vas a responder, pero te doy la oportunidad de que te niegues con gracia: ¿a qué se refiere el título El manantial en una obra donde, aparentemente, no aparece ningún manantial? ¿Tal vez a la vida? 
Aunque no lo parezca a simple vista, el manantial fluye por la obra; otra cosa es que el nivel freático de la metáfora dificulte su descubrimiento. Cuando me decanté por este título era consciente de ello, de la dificultad que entrañaba encontrarle una explicación. Si me decidí a seguir adelante con la idea fue porque me gustaba pensar que cada lector encontraría su propia definición del manantial. Como bien apuntas, una de las interpretaciones posibles es la vida. No voy a ser yo quien digas que no: traicionaría el espíritu con que lo elegí.




Aunque esa “presencia ausente” de los zombis no es nada nuevo en las obras zeta, sorprende ver cómo en El manantial logras llevarlo a sus últimas consecuencias, al convertir la amenaza zombi casi en algo meramente anecdótico. ¿No temías que esta novela de zombis “sin zombis” (por así decirlo) fuera una maniobra demasiado arriesgada, sobre todo en una editorial como Dolmen, que va dirigida de forma bastante focalizada a un público muy amante de los muertos vivientes?

Fíjate que los zombis fueron desterrados de la portada y de la contraportada. Alejandro Colucci se ajustó a las ideas que le planteé. De alguna manera, El Manantial es la precursora de la línea de terror que acaba de iniciar la propia Dolmen, llamada Stoker. Así que tampoco era tan descabellado. Otra cosa es que, como dices, fuese arriesgada. Pero quien me conoce, sabe que huyo de lo obvio, que prefiero saltar sin red.

Retomando un poco la pregunta anterior: tampoco es nada nuevo que una obra zeta presente a los humanos como más peligrosos incluso que los zombis que los asedian. Y, sin embargo, en tu obra llevas esta premisa a sus últimas consecuencias, al convertir a sus protagonistas en unos auténticos sádicos casi incapaces de empatizar con otros seres humanos. ¿No temías que los lectores cerraran el libro a media lectura, sin darte la oportunidad de permitirles que empatizaran con esos protagonistas tan difíciles?

Así ha sucedido en algunos casos. Me lo han hecho saber. El funámbulo que hace equilibrios sobre un precipicio sabe, de antemano, que habrá quien aplauda la valentía y riesgo del ejercicio, y quien cierre los ojos porque prefiere no mirar. Ese número de funambulismo es el que he practicado en toda la novela: la cordura era un cable demasiado fino sobre el que mantenerse en pie. Al menos terminé mi apuesta sin caerme.

Los nombres de tus protagonistas, Verona y Abel, están obviamente cargados de significado. No te basta con un “Pepe y Carmen” o un “Jack y Sheryl”. Háblanos un poco de ello.

Alonso Quijano no se llama Francisco Fernández. Marcovaldo no se llama Giuseppe. No sé si me entiendes. Soy de los escritores que buscan nombres sonoros y únicos, no exentos de significados, para sus personajes. Tampoco hay que olvidar que muchas personalidades optaron por pseudónimos, convencidos de que sus nombres no eran lo suficientemente llamativos. ¿Quién es William Frederick Cody? Nadie, si no digo Buffalo Bill. ¿Y Gustav Meier? Nadie, si no digo Gustav Meyrink. De mis personajes pienso lo mismo; llamar a Abel, por ejemplo, Francisco Fernández no sería más que una gilipollez. Nadie se acordaría de su nombre al cabo de dos meses.

La razón parece evidente, ¿pero por qué decidiste ambientar tu novela precisamente en un colegio abandonado?

No era otra cosa que reforzar uno de los temas principales de la obra. Tan sencillo como eso.

Debo confesarte que no soy de los que se achantan con las escenas desagradables (de hecho, hace algún tiempo ya hablé en este blog de A Serbian Film o Secuestrados, preguntándome hasta qué punto aconsejaba su visionado). Con El manantial me ha pasado tal vez lo mismo. Es decir, creo que es una novela con una buena prosa y que, aunque tarda bastante, acaba logrando conmover (y lo hace en medio de una vorágine de sexo, violencia y sadismo, lo cual tiene doble mérito). Sin embargo, hubo bastantes pasajes donde me pareció que te regodeabas de forma gratuita y demasiado exacerbada en lo truculento por lo truculento y en lo escandaloso por lo escandaloso. Quizá te parezca un símil cogido por los pelos, pero me recordó al videoclip Justify My Love de Madonna, donde parecía que hubiera metido de forma más que premeditada todos los elementos que se le pasaron por la cabeza para hacer un video lo más escandaloso posible. Hora de defenderte… o de darme la razón, como veas.

Defensa ninguna, soy culpable de haber escrito una obra tan extrema con esta. Recuerdo que escribía alentado por cierta música, espoleado, hipnotizado por ella. Martirizaba a mis personajes con algo de sadismo y mucho de excitación. Sabía lo que escribía y hasta dónde quería llegar (lo del funambulismo que decía antes). Así que no me extraña que haya quien piense que me regodeé en ello. Porque, en ciertos momentos, fue así.
Otra cosa es que, al final de la redacción, acabase destrozado anímica y físicamente, como si yo hubiese sido el ejecutor material de esas muertes. ¿Por qué me voy a defender si me serví de la literatura para matar imaginariamente a una persona de la vida real?

Supongamos que El manantial fuera llevada al cine. ¿Quién y por qué crees que sería la persona adecuada? Sueña con tu casting ideal.

La escribí valiéndome de unos rostros conocidos (actores y modelos) para facilitar la visualización durante ese proceso. Claro que, como estos son de distintas generaciones, sería imposible juntarlos ahora mismo con la edad que tienen mis personajes. Para dirigirla apuntaría David Lynch o Michael Haneke, pero el espíritu de la obra necesitaría el toque algo canalla de Tarantino. Para Abel y Verona necesitaríamos a dos actores jóvenes, tal vez no muy conocidos. Otra cosa es Debisí: podría ser Jeff Bridges, que en mi casting mental era ese personaje.

Y ya para finalizar: ¿qué es lo nuevo que nos depara Alejandro Castroguer?
Estoy terminando El último refugio: La Guerra de la Doble Muerte II. O lo que es lo mismo, mi última visión del género zombi. La editará Almuzara. Después de esta novela, dejaré descansar definitivamente a los muertos vivientes en sus tumbas. Además, el año que viene se publicará La Octava Noche (permíteme que me reserve el nombre de la editorial), y que estoy empezando a mover una historia de género policíaco cuyas siglas componen el título provisional de HYCDLOE.






viernes, 15 de febrero de 2013

SOBRE "MAMÁ", "EL CUERPO", "CHAINED", "TAKE SHELTER"... Y OTROS TERRORES, COMO MI NUEVA NOVELA

Sé que tengo la casa muy por barrer desde la entrada dedicada al Premio Nocte, pero en los últimos meses se han juntado diversos factores (con los que no os quiero aburrir) y, en fin, es lo que hay. Por de pronto, lo que sí puedo anticipar brevemente es que en marzo sale a la venta mi nueva novela, Lo que sueñan los insectos, con la que estoy muy ilusionado y de la que mejor hablo otro día. Mientras tanto, os dejo abajo con la portada, a ver qué os parece. (Así ya nos quitamos de encima la promoción inevitable).


Hoy, en todo caso, me pondré rápidamente al día hablando de algunas películas que he visto en los últimos X meses y de las que considero que es mi deber hablar. Bien sea para "desfacer entuertos" recomendando lo que parecía "irrecomendable", bien sea previniendo de lo que parecía recomendable (que no es oro todo lo que reluce, amigos míos, y el que avisa no es traidor)... o bien sea para recomendar esas pequeñas joyas que podrían pasársenos desapercibidas. Al lío, pues.


El reboot de Pesadilla en Elm Street NO es esa película putrefacta e innecesaria que hay que evitar a toda costa, como nos querían vender demasiados medios y demasiados talifanes de Robert Englund. De hecho, se trata de la mejor película de la saga desde Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño. Así os lo digo y me quedo más ancho que largo. Y es que, de no ser por algunas "recreaciones" bastante chuscas de escenas míticas de la saga (ese momento Nancy bañándose despatarrada muy guarramente en la bañera, cual Victoria Abril en ¡Átame!), de no ser porque la madre de Nancy no puede ser más sosa (¿tanto costaba seguir siendo una borracha, como en la 1ª?) y porque Freddy pasa bastante abruptamente de ser ese Coco amenazador a ser el Fofito de los Sueños (¿de verdad hacía falta bajarse los pantalones a última hora, señores productores?)... yo diría que es la segunda más seria y mejor de la saga. ¿Y eso?, os diréis. Entre otras cosas, porque da mucha profundidad a la historia (de hecho, bastante más que en la 1ª parte) a la peculiar relación de Freddy con sus víctimas adolescentes. Y hasta ahí puedo leer, que no es cuestión de ir soltando spoilers a destajo.

Ah, y luego está el concepto "microsueños", que es una cosa como muy absurda, pero argumentalmente muy económica. Y a los guionistas les venía muy bien, las cosas como son.

Recomendada para quienes no estrellarían un avión contra ningún rascacielos por el mero hecho de que a este Freddy no lo haya interpretado Robert Englund.


El regreso del director de Martyrs, esa The Tall Man aquí titulada El hombre de las sombras, ha resultado de lo más polémico entre los fans del fantaterror. Porque es que o convence mucho o no convence nada. A mí me ha convencido mucho, pero advierto que ha sido justo por los pelos. En concreto, gracias a una de las escenas finales entre Jessica Biel y una de las actrices que hacen de sus vecinas del pueblo, que está tan bien escrita y tan bien interpretada que logró hacerme comulgar con piedras de molino. Hasta entonces, la película era un sí pero no, debido a una estructura argumental bastante audaz, que podía funcionar muy bien o muy mal. En mi caso, ya digo, ha funcionado muy bien, pero por los pelos, y ahora puedo decir que nunca había visto un guion así antes. Ah, y aunque parezca que no tenga nada que ver con Martyrs, porque no es ni la mitad de bestia y gore, ambas tienen bastantes más puntos en común de lo que parece a simple vista. Ya me contaréis.

Recomendada para quienes no tengan miedo de que los sorprendan con una película que, en realidad, son varias en una.


Este filme de la hijísima de David Lynch, Chained (que en el BluRay anuncian orgullosamente como "De la directora de Mi obsesión por Helena", mira que hay que tener valor... o poca memoria, una de dos), es de esos que jamás veremos estrenados en España. ¿Por qué? Porque narra la entrañable relación que se traba entre un psicópata violador y el hijo pequeño de una de sus víctimas, a quien mantiene secuestrado en casa y lo trata como a un perro. Esto último no me lo invento ni lo exagero: lo tiene encadenado. Y aparte de educar al niño de forma un poco sui generis, lo obliga a que le tenga la casa como los chorros del oro. Una película dura e incómoda, pero que merece por lo menos un visionado. El final quizá sea un poco "atrevido" (en el sentido de: "Ya te vale, Jennifer..."), pero es que la hijísima sabemos que es muy atrevida. Y, de todos modos, volviendo a ver luego la primera escena, resulta que tiene sentido y todo.

Recomendada para quienes no se la tuvieran jurada a Jennifer Lynch.


El cuerpo es una puta maravilla, como todo lo que han hecho juntos hasta ahora Belén Rueda y la productora Rodar y Rodar. FIN.

Pero si queréis más explicaciones que esa, os diré que también es una cafrada divertidísima, tramposa hasta la extenuación, sobre una mujer más mala que un dolor (nuestra Belén, que de nuevo se sale), quien aparentemente es asesinada, la pobre, y cuyo sexy cadáver desaparece misteriosamente de la morgue. El problema llega cuando, durante un duro y complicado interrogatorio policial a su marido, alguien empieza a dejar pistas que parecen incriminar al ¿desleal? (y macizo) viudo. Pistas que solo Belén Rueda puede haber dejado. ¿Es su espíritu vengativo? ¿O es que quizá nunca haya muerto? Lo dicho: un thriller que es puro divertimento, de esos con final sorpresa.

Recomendada para a quienes no les importe que se la metan doblada en los thrillers.


Take Shelter es, sin duda alguna, una de las mejores películas del 2012. Y ha pasado sin pena ni gloria por estas nuestras tierras de corruptos, fíjate... mientras todos estábamos como borregos yendo a ver el peñazo de The Artist. El caso es que la buena de verdad trata de un padre de familia rollo novela de Stephen King, de estos muy trabajadores y muy básicos que siempre llevan vaqueros anchos y camisa de cuadros. Muy de la América Profunda. De pronto, un día empieza a tener, de forma recurrente, unas pesadillas espantosas sobre una lluvia extraña, de color marrón y textura aceitosa, que parece enloquecer a la gente y volverla extremadamente violenta. Una parte de sí mismo le dice que no pasa nada, que solo ha heredado la paranoia de su madre (lo de que "no pasa nada" y "solo" es un decir, porque vaya papeleta)... pero la otra parte se pregunta: ¿Y si todo esto son premoniciones de algo que realmente va a pasar? Un drama familiar de lo más original y aterrador a varios niveles, sobre el que mejor será que no os revele mucho más, porque vale la pena, y mucho.

Recomendada para los amantes del drama social terrorífico indie sobre padres de familia de la América Profunda que hablan poco.


El gran éxito de la taquilla española, Mamá, es un poco un bochorno. A decir verdad, la primera hora no está mal e incluso cuenta con imágenes bastante potentes, empleando un terror que juega más a sugerir que a mostrar. Y lo juega muy bien, gracias a unos encuadres inteligentes y a una actuación destacada de las dos niñas del reparto, que son un amor, aunque al mismo tiempo dan muy mal rollo. Pero luego ya se empiezan a hacer concesiones a todo el mundo y aquello se convierte en un festival de no sé muy bien qué, pero desde luego, no de lo que yo esperaba. Porque es que, de verdad, entre la fantasma greñuda al estilo oriental (que no pega ni con cola), las incoherencias (¡ese psicólogo infantil usando las palabras "una niña loca"!), ese guion que se va por los cerros de Úbeda... y ese final absurdo y más ñoño que Karina, que parece inventar el subgénero "terror Disney para toda la familia", en fin, aquello no hay por donde cogerlo. Yo ya os he avisado, luego no os quejéis.

Para quienes quieran colaborar con la economía del productor Guillermo del Toro.

domingo, 28 de octubre de 2012

"CUERPOS DESCOSIDOS", GANADORA DEL PREMIO NOCTE A LA MEJOR NOVELA DE TERROR DE 2011

No existe mayor cliché que eso de: Cómo pasa el tiempo... Una frase que repetimos a menudo, quizá varias veces durante el año, y no siempre conscientes del auténtico significado que encierra. Un significado que, de un modo u otro, acabamos banalizando. Y aun con todo, en ocasiones el cliché acaba pillándonos por sorpresa. Para bien, incluso. Quienes no nos tenemos en un pedestal (por no decir quienes a menudo incluso nos subestimamos) necesitamos echar la vista atrás de vez en cuando tan solo en busca de un punto de apoyo que desestabilice nuestro pesimismo natural. Y es entonces cuando, en ocasiones, repito, constatamos que hay que ver cómo pasa el tiempo. Hace tan solo cinco años, yo mismo todavía era un lector empedernido que soñaba con escribir un libro que tocara la fibra de algún lector tanto como tocaron mi fibra Ray Loriga con Héroes o Angela Carter con La cámara sangrienta. Apenas me lo creía cuando, un año después, Odisea Editorial publicaba mi primera novela, El tercer deseo, un texto visceral donde volqué mi alma casi de forma pornográfica y falta de pudor. De toda la repercusión que tuvo la novela, recuerdo con especial cariño un e-mail que me envió un adolescente que, tras confesarme que no era un gran amante de la lectura, me agradeció lo mucho que le había abierto los ojos mi novela. Fue muy emocionante.

Un año después, Odisea Editorial volvió a confiar en mí al publicar mi segunda novela, Todas las maldiciones del mundo, un libro también bastante visceral y personal que logró colarse como finalista del Premio Shangay a la Mejor Novela del año. Compitiendo con Boris Izaguirre, ahí es nada. Por supuesto, ganó él, pero nadie me quitó la enorme satisfacción de esa experiencia que ya me hizo suspirar en mi interior: Cómo pasa el tiempo...

Tras la alegría de mi segunda novela, quizá lo lógico habría sido seguir el rumbo marcado y ofrecer más de lo mismo. Pero el cuerpo me pedía otra cosa y escribí Abominatio, una antología de nanorrelatos de fantaterror auspiciada nada menos que por Santiago Eximeno, uno de los autores más interesantes del género de terror en nuestro país. Me gustó la experiencia, pero no fue eso lo que me llevó a escribir después Cuerpos descosidos. Precisamente, este viernes comentaba en el Café Literario "Voces de Terror", en Rivas (Madrid), que quizá el éxito de mi novela Cuerpos descosidos reside en que, mientras la estaba escribiendo, no era del todo consciente de estar escribiendo una novela de terror. O al menos, no me había propuesto de forma explícita y calculada escribir una novela que helara la sangre a los lectores. No seguí fórmulas encorsetadas ni me esforcé demasiado por encajar en determinados patrones. Simplemente, tenía unos personajes, una historia y unas herramientas con las que desarrollarlo todo. Claro que tampoco estoy diciendo que inventara nada: había un poco de Clive Barker, un poco de la última ola de cine de terror francés, un poco del Agustí Villaronga que me fascina (el de Tras el cristal) y un mucho de mi yo literario más abiertamente emocional (el que desarrollé con Odisea Editorial). La combinación, en todo caso, convenció a NGC Ficción!, que se decidió a darme una oportunidad al publicarme. El resultado de aquella aventura fue mi novela con mejor recepción hasta el momento... y una interesante polémica en torno a si pertenecía o no al género de terror. Algunos lectores me dijeron que habían llegado a tener pesadillas con determinados pasajes de la novela. Otros, que no podía considerarse una novela de terror, aunque efectivamente les hubiera inquietado. Incluso los hubo que me dijeron que casi les había llevado a las lágrimas con algunos fragmentos. Sea como sea, está claro que me salió una novela no del todo clasificable, y, pese a ello, bien recibida en general. Eso me parece, desde luego, el mayor logro. O casi...


Y digo casi porque en la XXX HispaCon/II ImagiCon, celebrada recientemente en Urnieta, Cuerpos descosidos logró alzarse con el Premio Nocte a la Mejor Novela Nacional de Terror de 2011. Obviamente, un premio así no es que sea alimento para el ego: es que, directamente, es un empacho. Como comentaba hace poco en una entrevista, y para que se entienda el shock, haber recibido un premio como el Nocte es un honor y un logro importantísimo, pues supone obtener el reconocimiento de los miembros de Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror. En ese sentido, viene a ser el equivalente de los Premios Bram Stoker estadounidenses (que han premiado a novelistas del peso de Stephen King, Ray Bradbury o mi admirado Barker). Es decir, que aquí te premia no un jurado aleatorio ni tus familiares y amigos, sino tus colegas, la gente que se dedica a lo mismo que tú. ¿Se entiende el shock? :)
.

Recuerdo el subidón que experimenté cuando quedé finalista al Premio Shangay y lo impresionante que resultó encontrarme a pocos metros de Boris Izaguirre, a quien admiro sobre todo por sus ensayos. Pero os aseguro que el subidón no fue comparable al que experimenté cuando Juan Ángel Laguna Edroso, el actual presidente de Nocte, pronunció el título de mi novela durante la cena de entrega de los premios. Ni la profunda emoción que sentí cuando me felicitaron mis compañeros. Es entonces, al darte cuenta no solo de que ya no eres el joven que quería tocar la fibra de los lectores como Loriga tocó la suya, sino de que ahora eres el adulto que toca la fibra de sus compañeros escritores (gente exigente, con criterio, con experiencia), cuando, por mucho que tiendas a subestimarte y a ver el vaso medio vacío, no tienes más remedio que mirar atrás y reconocer que hay que ver, en definitiva, cómo pasa el tiempo...


Servidor, con los nervios a flor de piel durante la cena.



Recogiendo el premio que me entregó el gran Juan Ángel Laguna Edroso. Y, aunque en la imagen no se capte del todo, nervioso como una colegiala.



Con Alfonso, una pieza clave en mi vida, que siempre sabe estar ahí para mí a las duras y a las maduras.


Con otros compañeros maravillosos de Nocte. ¡Los maños! Que, por cierto, supieron hacerme sentir como un maño más. De izquierda a derecha: Roberto Malo, yo, Fernando Martínez Gimeno y el también premiado David Jasso. José María Tamparillas, también galardonado con un Nocte por su relato La necesidad del dolor, no sé por dónde andaba en aquellos momentos. ¿Quizá en busca de sidra? En los límites de la Hispacon...


En realidad, el gran ganador de la noche fue el inconmensurable David Jasso, que se alzó nada menos que con tres galardones: el Premio Nocte a la Mejor Antología por Abismos y los Ignotus a la Mejor Antología (por Abismos, again) y a la Mejor Novela Corta (por La textura de tu piel). Jasso, la Meryl Streep del terror español, como lo llamo yo.


Pero vamos, que lo cortés no quita lo valiente... Y yo me sentí como el rey del (trono del) mambo.

**Aquí podéis ver el palmarés completo de los Premios Nocte 2011. Y aquí, el de los Ignotus.**


P.D: Al Ignotus también estuve nominado, pero el premio se lo llevó Fieramente humano, de Rodolfo Martínez. También publicado en NGC Ficción!, por cierto. Todo queda en casa.